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Leonardo y Susana se conocieron cuando estaban en la universidad e iniciaron una relación sentimental, decidieron irse a vivir juntos y empezar una nueva vida, querían tener hijos, pero luego de graduarse y empezar a trabajar.
Al poco tiempo de finalizar sus estudios Susana quedó embarazada de Leonardo y nació su hijo Samuel, al principio todo fue felicidad, sin embargo, la pareja discutía constantemente lo que llevó a que Leonardo y Susana terminaran su relación una vez Samuel cumplió tres años. Al principio, Leonardo visitaba constantemente a su hijo y le entregaba a Susana algo de plata para algunas cosas del niño, pero no era lo suficiente para cumplir con los gastos que requería el mantenimiento de un niño de esa edad.
Susana decidió hablar con Leonardo y con las cuentas sobre la mesa, dividir cuánto le correspondía a cada uno y cuánto tendrían que aportar para la manutención de Samuel. Al principio, Leonardo empezó a entregar lo acordado para su hijo, pero cada día eran menos las visitas, a veces sí a veces no.
Con el tiempo, Leonardo empezó a decir que “tenía problemas en el trabajo”, que “no tenía plata” y que “ella debía arreglárselas sola”, justificando su falta de compromiso con las visitas a su hijo y con la cuota que habían acordado pagar.
Susana ya estaba agotada: trabajaba doble turno para cubrir el colegio y la alimentación, mientras Samuel preguntaba por qué su papá ya no lo visitaba. Ella decidió dialogar nuevamente con Leonardo para que se comprometiera con Samuel, quien finalmente era quien importaba, desafortunadamente no llegaron a un acuerdo y la relación entre ellos se deterioró aún más.
Cansada de la indiferencia de Leonardo y sin platica a la vista, Susana acudió al Centro de Arbitraje y Conciliación de la Cámara de Comercio de Bogotá para fijar una cuota alimentaria.
Fueron rápidamente citados a una conciliación. Leonardo durante la audiencia intentó evadir su responsabilidad diciendo que estaba desempleado. Sin embargo, el conciliador le explicó que, según la ley, los alimentos no dependen de su voluntad sino de la necesidad del niño y de su capacidad económica real, incluso si eso implicaba buscar un empleo formal.
La cuota quedó fijada. Leonardo, molesto al principio, comenzó a cumplir. Poco a poco entendió que no se trataba de “darle dinero a Susana”, sino de asegurar el bienestar de su hijo Samuel, quien volvió también a disfrutar de las visitas y de las salidas al parque con su papá.
Y usted, ¿qué conflicto tiene?
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