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Una oportunidad biotecnológica para Colombia

El país podría construir una bioeconomía si trabajara en reducir las barreras regulatorias. Por ejemplo, en promedio toma 225 días para que el gobierno apruebe una prueba clínica. En Singapur es menos de un mes.

Colombia se destaca por su transformación económica en los últimos años. La inversión extranjera directa está fluyendo –principalmente a los sectores minero y energético– y la manufactura está en pleno auge. Sin embargo, el Gobierno es consciente de que un crecimiento económico sostenible en el largo plazo no vendrá de la minería e hidrocarburos, sino de servicios de alto valor agregado, manufactura e investigación y desarrollo (I&D). Este es el camino recorrido por casi todos los países de alto ingreso en los últimos 50 años.

La biotecnología ofrece posibilidades particularmente atractivas para Colombia. El sector científico emplea el poder de la biología para desarrollar combustibles limpios, cosechas mejoradas, nuevos medicamentos y procesos industriales más eficientes.

El reto de Colombia consiste en desarrollar su propia capacidad en este lucrativo sector. El país está bien posicionado, al menos en el papel: cuenta con 10 % de la biodiversidad mundial, lo cual brinda un potencial enorme para la investigación científica.

Un puñado de empresas nuevas ya está desarrollando productos a partir de esta abundancia natural. Una de ellas, Satech, aplica tecnologías de encimas para mejorar la huella ambiental de los procesos alimenticios y de empaquetado. Las ciencias biológicas son otra área de investigación interesante. Por ejemplo, Keraderm creó un injerto de piel derivado de células madres que ya ha sido utilizado para tratar a más de 200 personas con quemaduras severas.

Pero más allá de estas historias de éxito, Colombia sigue rezagada en biotecnología a nivel regional e internacional. En 2012 gastó apenas 0,2 % de su PIB en I&D, muy por debajo del 1,15 % de Brasil y del promedio regional de 0,76 %. Peor aún, este pobre nivel de inversión ha permanecido estancado desde el 2000.

El registro de patentes también es deficiente. Desde 2012 Colombia ha registrado únicamente cuatro patentes biotecnológicas a través de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual. De acuerdo con la consultora israelí Pugatch Consilium, Colombia podría generar $500 millones al año si permitiera que se llevaran a cabo más pruebas clínicas biológicas. A la fecha el país ha albergado 100 pruebas, la mitad de México.

¿Qué puede hacer Colombia para construir una bioeconomía? Se deben reducir las barreras regulatorias. Por ejemplo, en promedio toma 225 días para que el Gobierno apruebe una prueba clínica. En Singapur es menos de un mes.

Quizá más urgente es que el Gobierno reconsidere su actitud hacia los derechos de propiedad intelectual, un factor crucial que determina la inversión en este sector de alto riesgo e intensivo en capital. La amenaza del Ministerio de Salud de abrogar las patentes de un medicamento para el cáncer fue una movida populista que alarmó a inversionistas nacionales y extranjeros.

Los inversionistas también se quejan de los crecientes costos para obtener una patente biotecnológica. Esta erosión de la propiedad intelectual es una barrera para la innovación, de acuerdo con Innpulsa, la misma agencia de promoción de inversiones del Gobierno.

Más allá de estos autogoles, Colombia cuenta con el potencial para emerger como un campeón biotecnológico en América Latina. Su biodiversidad, creciente población y estabilidad política contribuyen para ello. Pero para lograrlo necesita que el Gobierno garantice políticas que promuevan la inversión, no que la obstaculice.

*Director de la Geneva Network, organización de investigación con sede en el Reino Unido con énfasis en temas de comercio internacional.

Información tomada de El Espectador