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La lutería: el oficio de confeccionar la música

Los lutieres se dedican a construir y a reparar los instrumentos musicales. Su labor, que es vital para que los músicos hagan su trabajo, está presente en el Festival Internacional de Música de Cartagena.

Aunque poco conocida, la lutería es clave para la música. No sólo porque sin los instrumentos que confeccionan los lutieres esta no sería posible, sino porque de la precisión a la hora de armar un instrumento depende que el músico pueda hacer bien su trabajo.

Para quienes la conocen es una actividad artesanal que tiene mucho de ingeniería y de ciencias exactas. Pero para los lutieres va más allá: es una labor espiritual porque siempre va a quedar una conexión entre el constructor y el instrumento.

Y aunque no se sabe exactamente cuándo nació, sí está claro que es un oficio tan viejo como la música misma. El nombre viene del laúd, una especie de guitarra muy común durante el medioevo y el apelativo se utilizaba para nombrar a los fabricantes de ese instrumento. Con el paso del tiempo se popularizó y hoy se usa para hablar de quienes fabrican cualquier instrumento, aunque lo correcto (según la RAE) es usarlo solo con los de cuerda.

En la historia ha habido una gran cantidad de lutieres famosos. La mayoría (como Amadi, Raggazi o Stradivarius) nacieron en Italia o en Francia durante el siglo XVII. Y aunque en Colombia no es un oficio muy popular, ha venido creciendo en los últimos años.

Además, la primera escuela de lutería es una iniciativa de la Fundación Salvi –los mismos que organizan el Cartagena Festival Internacional de Música–, que desde hace cuatro años busca formalizar el oficio del lutier en el país.

Hasta el momento por los Centros de lutería de esa institución han pasado 12 jóvenes que vieron clases con maestros internacionales en el oficio. Junto a ellos, cerca de 217 niños de bandas municipales recibieron charlas y aprendieron a cuidar y a revisar sus instrumentos musicales. Ahora hay una nueva generación formándose y a mediano plazo la idea es formalizar la escuela.

Pero el esfuerzo vale la pena porque como dice Wilmar Buitrago, quien al contrario de sus dos compañeros se dedica a trabajar con instrumentos de viento, “al final, la mejor satisfacción es ver a un cliente con su instrumento funcionando. Eso hace que valga la pena todo”.

Tomado de Semana