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Economía naranja, mucho más que un mercado de las ideas

Este informe pretende mostrar lo que es y lo que puede ser la economía naranja.

A quien puede desagradar que desde el Estado exista un puente que permita hacer visibles las artesanías de Morroa (Sucre) o que se venda el carnaval de Barranquilla en un videojuego en 3D para que, en ese camino se promueva el empleo, se genere riqueza para el país y, de paso, se proporcione bienestar al que disfruta de los productos de la cultura.

En pocas palabras, eso es la economía naranja, una ola que a Colombia le ha costado trabajo digerir, pese a que la idea se difundió hace seis años, tras la publicación de un libro loco, escrito con letras dispares y ataviado con emoticones de máscaras, bombillas y notas musicales, el cual, hoy es un componente básico del Plan de Desarrollo del país de aquí al 2022.

El aporte

A la llamada economía naranja le piden aterrizaje con cifras y fronteras, y estas se resumen en que puede dinamizar el Producto Interno Bruto (PIB) de un aporte de 3,3 por ciento a 6 por ciento del PIB en 4 años.

A nivel global, las industrias creativas emplean a casi 29,5 millones de personas y generan ingresos por más de 2,25 billones de dólares al año. No obstante a esos resultados, para Felipe Buitrago, consejero presidencial para asuntos económicos y coautor del libro sobre el tema, realizado con el actual presidente Iván Duque, la economía naranja es mucho más que negocios. “Es un entorno para crecer, formalizar y emprender, pero también para generar un impacto social, una construcción de ciudadanía. Cuando se hace cultura e intercambio se construyen puentes de entendimiento”.

Es un hecho que el mundo está cambiando y en ese contexto, la economía naranja cobra fuerza: una plataforma como Netflix tiene 33 millones de suscriptores; en Colombia, los festivales de teatro atraen a 4 millones de espectadores; en Youtube se sube un promedio de 100 horas de video por minuto.

En las grandes ciudades

La demanda de servicios creativos es innegable, “el comercio de este tipo de servicios crece 70 por ciento más rápido que el de bienes no creativos y estas transacciones ocurren de manera creciente a través de internet”, señala un documento del BID.

En Colombia, por ejemplo, ciudades como Medellín ya tienen registradas 6.562 empresas que hacen parte de esta aventura, y reportan activos por 3,5 billones de pesos, generando a su paso 33.000 empleos formales, según la Cámara de Comercio de esa ciudad. Muchas, aún son empresas silenciosas, al igual que en Bogotá, donde se registran 1.765 solo en la industria musical, las cuales, en el 2017 vendieron 836.766 millones de pesos.

Por ahora, las compañías no son grandes. En la capital antioqueña, por ejemplo, el 87 por ciento son micro y el 11 por ciento pequeñas. Solo 0,3 por ciento son grandes y el 1,7 por ciento, medianas. Esto se da, precisamente, porque la cultura ha estado divorciada de la economía, dice Buitrago. Pero la apuesta en el país es que a Colombia no le llegue esta revolución tan tarde como ha pasado con otras cosas.

“El ideal que uno buscaría es que en un país como Colombia el tonelaje de exportaciones de carbón se estanque ahí y empiece a perder preminencia en el peso. A cambio, lo reemplace la exportación de artesanías, de ropa diseñada en el país”. La diferencia de ese cambio, en términos económicos es descomunal. “Mientras una tonelada de carbón puede valer entre 85 y 90 dólares; una de productos de diseño colombiano puede costar de 800 a 900 dólares”.

¿Quién ha avanzado?

Un país que ha avanzado, y ha tenido logros en los últimos 15 años es Corea del Sur. Pasó de tener una cultura desconocida para el mundo a ser uno de los principales referentes culturales del planeta. Es potencia en videojuegos, en música, en televisión, en cine. Gran parte de lo que ha hecho es una combinación efectiva de impulsar la cultura como práctica y conectarla con tecnología (internet), dice Buitrago, al señalar que “si nos vamos a lo básico de lo que proponemos, es que todos podamos ejercer y disfrutar nuestra cultura y al estar conectados a internet la activamos como un dinamizador de la economía”.

Es un hecho que es posible sacarle jugo a la creatividad. Las cuentas de la economía naranja en el PIB del país aún no pueden ser testigo de sus posibilidades, pues esta apuesta es transversal a los distintos sectores. Pero en el libro de Duque y Buitrago se conservan los números generales: en Colombia el 3,3 por ciento del PIB, es decir, 20,7 billones de pesos, provienen de la economía naranja.

Vea el informe completo en El Tiempo