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Iluminación eficiente, la nueva clave para reducir el consumo de energía

Cada año, el país pierde más de US$5.200 millones en electricidad que se consume de forma incorrecta.

Como muchas otras naciones en proceso de desarrollo, Colombia ha entrado en la cultura del ahorro de energía.

El "apagón" que el país sufrió en 1992 dejó un conjunto de importantes lecciones que han llevado a cada vez más personas a tomar conciencia sobre la necesidad de utilizar eficientemente la electricidad.

Se trata de un proceso que le dejará importantes beneficios al país, porque según cálculos del Ministerio de Minas y Energía, cada año el país pierde más de US$5.200 millones en electricidad que se consume de forma incorrecta, sin aportar a ninguna actividad productiva.

No es una situación particular de Colombia. De acuerdo con un informe de la Agencia Internacional de Energía (World Energy Outlook 2016), la demanda de electricidad en el mundo seguirá aumentando inevitablemente, especialmente en los países en desarrollo.

Se calcula que en estas naciones el consumo de energía, respecto del consumo mundial, aumentará desde un 46%, en 2014, hasta un 58% en 2030. En Colombia, el crecimiento de la demanda entre 2010 y 2030 se proyecta que será de un 2,24% anual.

Por eso, una de las prioridades para que el país avance por la senda del desarrollo económico y social, es aplicar rigurosamente la política de eficiencia energética que el Gobierno definió hace algunos años (Ley 697 de 2001).

La misma contempla múltiples acciones para optimizar el uso de la energía en el sector industrial, comercio, transporte y en mayor medida en el sector residencial, donde el gran objetivo es educar al ciudadano para que realice un consumo eficiente de energía.

¿Y qué significa eso? Que las personas resuelvan sus necesidades de iluminación optimizando el uso de la energía. Para lograrlo es necesario contar con diseños arquitectónicos que aprovechan al máximo la luz natural y usar los avances tecnológicos que garantizan hacer una iluminación eficiente de los distintos espacios del hogar.

Como parte de ese proceso, en el año 2014 el país dio un gran paso al poner en marcha la normatividad que prohibió el uso de bombillas incandescentes, y las reemplazó por otro tipo de luminaria de mayor eficiencia.

Sin embargo, después de ese comienzo, el país requiere adoptar sistemas aún más avanzados, en los que la iluminación responda a las diferentes necesidades y hábitos de las familias.

Existen tres aspectos clave para ponerse a tono con esa tendencia. En primer lugar, hay que pasar de un sistema de iluminación tradicional a un sistema automatizado.

La diferencia está en que en el primero se utilizan lámparas indiscriminadamente sin tener en cuenta los ambientes, y con operación manual. Mientras tanto, en el segundo se usan equipos adecuados para cada lugar, considerando el uso que se le da, y se cuenta con la posibilidad de que los equipos se enciendan automáticamente solo cuando las personas estén allí. Así, no existe la posibilidad de malgastar energía manteniendo una lámpara encendida cuando nadie la requiere.

El segundo factor clave es hacer un adecuado diseño lumínico. El objetivo aquí es inspeccionar muy bien la edificación y definir cuáles son las adaptaciones necesarias de iluminación que requiere el lugar, para evitar excesos o ineficiencias en el consumo.

Por último, la iluminación eficiente debe estar ligada a un modelo económico que se traduzca en una inversión razonable para las personas. Debe hacerse un estudio económico que garantice financiación adecuada, para que el mismo sistema se pague con los ahorros que está logrando en el consumo.

La automatización de iluminación eficiente garantiza una disminución efectiva del consumo de energía, aumenta la eficiencia lumínica y genera importantes ahorros para los usuarios.

Este tipo de proyectos pueden ser implementados en una vivienda tradicional, y también en establecimientos comerciales, oficinas, edificios, empresas y unidades residenciales, incluidas sus zonas comunes.

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Fuente: El País