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Empaques de origen comestible

El exceso de comida puede ser convertido en una alternativa para consumir con conciencia ambiental.

Para el comensal con conciencia ambiental, esta es una de las verdades más incómodas: se desperdicia demasiada comida y a su vez esta viene en demasiados empaques. Y demasiados empaques duran muchos años. Ahora quizá haya una respuesta para los tres problemas: usar el exceso de comida para hacer los empaques.

Un creciente número de emprendedores e investigadores están trabajando para convertir alimentos como hongos, kelp, leche y cáscaras de tomate en reemplazos comestibles de los plásticos, las envolturas y otros materiales de empaque.

Sin embargo, llevar esos empaques al mercado es un desafío. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por ejemplo, trató de crear interés en un producto basado en la proteína de la leche hace más de una década, pero no encontró compradores, dijo Peggy Tomasula, vocero de ese departamento. El costo de producción que tiene y el hecho de que es susceptible a la humedad hicieron que fuera difícil de vender.

Pero los tiempos han cambiado. Mike Lee, el fundador de Future Market, una firma que predice tendencias, ha estado atento ante productos como el empaque de quesos. "Incluso puedo ver un supermercado libre de empaques convencionales algún día", dijo Lee.

Las grandes compañías productoras de alimentos están más interesadas hoy que hace varios años, estimuladas por consumidores cada vez más conscientes de que los alimentos que comen y sus empaques pueden dañar al medio ambiente. Sin embargo, las empresas siguen siendo escépticas.

Cuatro ejemplos

Pizza. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos desarrolló un material a partir de la proteína de leche que puede usarse para fabricar cajas de pizza, envolver queso o crear paquetes de sopa solubles que pueden meterse en agua caliente.

Hongos. Una empresa de Vermont, productora de jarabe de maple, recurrió a hongos para almacenar las botellas de cristal de su producto.

Tomates. Una compañía italiana ha desarrollado un producto a base de cáscara de tomate, el Biocopac Plus, que se utiliza en el revestimiento de latas y botellas, y que busca reemplazar a un componente actual, el Bisfenol A. Originalmente, este proyecto lo financió la Unión Europea.

Langosta. Un grupo de científicos de Harvard desarrolló el Shrilk, en base a un componente de los caparazones de langosta y camarón e hilos de seda, una alternativa al plástico para empaques.

Tomado de El Observador